19 may, 2012
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Estudios recientes han demostrado la importancia de las alteraciones en la expresión del TGF-beta (Transforming Growing Factor-Beta) en la aparición de alteraciones vasculares en humanos.

En la actualidad es conocido que las mutaciones en el gen de la fibrilina 1 (FBN-1), producidas en las fibrinilopatías, entre las que se encuentra el síndrome de Marfan (y otras como la ectopia lentis familiar, prolapso mitral familiar, MASS, síndrome de Shprintzen-Goldberg y algunos casos del síndrome de Weill-Marchesani), incrementan la activación y señal del TGF-beta, y son responsables de las alteraciones estructurales producidas en la pared vascular de estos pacientes, caracterizadas por un engrosamiento aberrante de la capa media con fragmentación y desalineación de las fibras musculares.

Asimismo, existen otras entidades caracterizadas por un aumento de señal de TGF-beta en la pared aórtica, como es el caso del síndrome de Loeys-Dietz, causado por mutaciones en los genes de los receptores 1 y 2 del TGF-beta.

Por otra parte, estudios experimentales indican que los AT1, como el losartán, poseen capacidad para antagonizar la expresión de este factor por mecanismos no aclarados, y logran limitar la dilatación aórtica en estos pacientes.

Puesto que parece existir una relación entre la afectación vascular, presente en distintas entidades con dilatación aórtica progresiva, y la existencia de un incremento en la actividad o señal del TFG-beta, la determinación de los niveles de esta citoquina podría identificar a aquellos pacientes que presentan un mayor riesgo de dilatación y/o disección aórtica, y permitiría realizar un tratamiento preventivo más eficaz.

Referencias

1. Science 2006;312:117-121

2. N Engl J Med 2008; 358:2787-2795

3. Eur Heart J 2010;31:2223-2229

4. J Med Genet 2009;46:607-613

5. N Engl J Med 2006;355:788-98

 

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La denominación de aneurismas periféricos se refiere a aquellos que se desarrollan en oposición a los aneurismas centrales, del eje central aórtico (aorta torácica y abdominal). Así, los aneurismas periféricos se extienden por el resto de la anatomía arterial, implicando las extremidades superiores, inferiores, las arterias viscerales abdominales y los troncos arteriales supraaórticos (carótidas y vertebrales).

Mientras que en la arteriosclerosis obliterante la existencia de aneurismas arteriales periféricos es relativamente frecuente, aproximadamente un 18% de todos los aneurismas, en la enfermedad de Marfan la localización periférica de los aneurismas se convierte en algo excepcional.

La frecuente asociación de los aneurismas periféricos del paciente con arteriosclerosis a aneurismas aórticos (hasta en un 50% en algunas ocasiones) no se da en absoluto en los pacientes con síndrome de Marfan. Esta asociación es muy infrecuente, pero en cualquier caso es recomendable hacer un screening de éstos.

Hasta ahora hay descritos aneurismas periféricos en el síndrome de Marfan en casi todas las localizaciones: arterias carótidas internas (extracraneal), subclavia, axilar, tronco braquiocefálico, poplítea, troncos digestivos y arterias renales.

 

Aneurismas arteriales periféricos

 


En el diagnóstico de posibles aneurismas arteriales periféricos en la enfermedad de Marfan, es especialmente relevante el uso de la ecografía doppler color para los extracraneales y de las extremidades y el angioTAC helicoidal contrastado para los troncos supraaórticos en su origen, así como viscerales.

Tampoco están establecidos los criterios de diámetro frente a la cirugía de los aneurismas, dado su carácter excepcional, pero por norma deben ser criterios menos restrictivos que en los clásicos aneurismas arterioscleróticos, y se debe intentar, igualmente, preservar las técnicas endovasculares para los pacientes de un riesgo operatorio desorbitado.

 

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Varias enfermedades del tejido conectivo comparten algunas de las manifestaciones del síndrome de Marfan y deben ser tenidas en cuenta en el diagnóstico diferencial, como es el caso del fenotipo MASS y el síndrome Loeys-Dietz (Cañadas V, Vilacosta I, Bruna I, Fuster V. Nat Rev Cardiol 2010;7:256-265). 

El fenotipo MASS, que describe a un subgrupo de pacientes con suficientes signos para ser considerados como portadores de una alteración del tejido conectivo -pero que no pueden ser diagnosticados de ningún síndrome conocido- es clínicamente similar en muchos aspectos al síndrome de Marfan. Esta entidad ha sido asociada con mutaciones del gen de la fibrilina (FBN1); de hecho, el fenotipo MASS es considerada una fibrilinopatía.

Las manifestaciones del fenotipo MASS incluyen la afectación de la válvula mitral (“M”), la aorta (“A”), la piel (“S” de skin), y al sistema músculo esquelético (“S” de skeletal), con características similares al síndrome de Marfan, pero sin que se asocie a luxación del cristalino.

M: La afectación mitral consiste en la aparición de prolapso valvular, con diversos grados de regurgitación.

A: Los diámetros de la raíz aórtica pueden estar en los límites superiores de la normalidad para el tamaño del cuerpo, pero no hay progresión a aneurisma ni predisposición a la disección.

S: Aparecen estrías cutáneas.

S: Existen anomalías esqueléticas similares a las presentes en el síndrome de Marfan.

El diagnóstico requiere al menos la afectación de dos sistemas. Este síndrome es hereditario con carácter autosómico dominante y se debe a mutaciones en el gen FBN1. Al ser autosómico dominante la probabilidad de transmitirlo a los hijos es del 50%. 

En el manejo médico se incluyen los betabloqueantes o calcioantagonistas (cuando los anteriores no son tolerados) en el tratamiento sintomático del prolapso mitral, que en determinados pacientes requiere cirugía. Aunque la dilatación aórtica no suele progresar a aneurisma ni disección, es recomendable la monitorización ecocardiográfica periódica.

 

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El síndrome de Loeys-Dietz (SLD) es un trastorno del tejido conectivo autosómico dominante, causado por mutaciones en los genes TGFBR1 (9q33-q34) y TGFBR2 (3p22). Se caracteriza típicamente por la tríada de hipertelorismo, paladar hendido o úvula bífida, y aneurismas y/o tortuosidad arterial. El 75 % de los pacientes presentan hallazgos dismórficos faciales típicos; es entonces cuando se denomina síndrome de Loeys-Dietz tipo1. El síndrome de Loeys-Dietz tipo 2 es usado para describir a un grupo de pacientes sin afectación craneofacial mayor, pero con manifestaciones cutáneas. Ambos tipos pueden ser producidos por alteraciones en los genes descritos. De hecho, actualmente se piensa que ambos tipos de SLD forman un continuum clínico.


PRESENTACIÓN CLÍNICA

Existen cuatro grupos mayores de manifestaciones clínicas.

1. Dilatación y tortuosidad vascular.

-Dilatación del anillo aórtico, fundamentalmente a nivel de los senos de Valsalva.

-Tortuosidad arterial y aneurismas arteriales que puede ser generalizada, si bien comúnmente afecta a vasos de cabeza y cuello, y requiere estudios de imagen tipo RM o TC.

-Enfermedad cardiaca congénita, tales como la válvula aórtica bicúspide, comunicación interauricular (CIA) o ductus arterioso persistente (DAP). La presencia de prolapso mitral es menos frecuente que en el síndrome de Marfan.

-Recientemente se han descrito (en relación con mutaciones en TGFBR1) displasia coronaria microvascular y miocardiopatía secundaria.

2. Hallazgos esqueléticos.

Son similares y superponibles a las presentes en el síndrome de Marfan: hiperlaxitud articular, aracnodactilia, deformidad esternal (pectus excavatum/carinatum) y escoliosis.

3. Malformaciones faciales

Aproximadamente el 75 % de los pacientes con SLD presentan estas alteraciones, que son identificativas del tipo 1 (el tipo 2 no las presentan).

-Hipertelorismo y paladar hendido o úvula bífida son criterios mayores característicos del SLD

-Craneosinostosis, por cierre prematuro de fontanelas, con dolicocefalia, braquicefalia y trigonocefalia.

-Otros: micro/retrognatia, esclera azul, estrabismo.                    

La ectopia lentis, signo cardinal en el síndrome de Marfan, no está presente en el síndrome de Loeys-Dietz. Sin embargo, la disección aórtica aparece con diámetros menores a los observados en el síndrome de Marfan.

4. Signos cutáneos

Es frecuente una piel aterciopelada y traslúcida con venas visibles, así como con cicatrización retrasada y distrófica. Es característica en los pacientes con síndrome de Loeys-Dietz tipo 2.

5. Otros

Las complicaciones relacionadas con el embarazo son riesgo de rotura uterina, así como daño de la vagina, periné y colon.


DIAGNÓSTICO

Está basado en las características clínicas y confirmación por diagnóstico genético.

 Diagnóstico clínico. Aunque no están establecidos unos criterios clínicos mínimos, el diagnóstico debe ser considerado en las siguientes categorías de pacientes:

-Pacientes con la tríada del síndrome de Loeys-Dietz.

-Pacientes con aneurismas arteriales/aórticos con combinación variable de hallazgos tales como aracnodactilia, hiperlaxitud articular, craneosinóstosis, esclera azul, defectos cardiacos congénitos o piel clara con mala cicatrización.

-Pacientes con fenotipo similar al síndrome de Ehlers-Danlos y estudio bioquímico normal.

-Pacientes con fenotipo Marfan, especialmente aquellos sin ectopia lentis, pero con hallazgos esqueléticos y vasculares, sobre todo si no se detecta mutación en FBN1.

-Familias con aneurismas de aorta torácica con herencia autosómica dominante y asociación con aorta bicúspide, ductus persistente o CIA.

 Diagnóstico genético. El estudio genético molecular juega un papel muy importante en el diagnóstico, ya que la secuenciación de TGFBR1 y TGFBR2 permite la identificación de una mutación causal en más del 95 % de los individuos con hallazgos clínicos típicos de SLD.


MANEJO

Aunque todavía estamos en proceso de conocimiento del espectro completo de la enfermedad, se dispone en la actualidad de algunas directrices derivadas de la evidencia disponible.

 Estudio y seguimiento. Las evaluaciones iniciales para conocer la extensión están recomendadas en todos los individuos con este diagnóstico.

-La raíz aórtica debe ser evaluada mediante ecocardiografía (semestralmente).

-El resto de la aorta debe ser estudiada mediante resonancia magnética o tomografía computarizada con reconstrucción tridimensional desde la cabeza hasta la pelvis, para así detectar además la presencia de aneurismas en todo el árbol arterial.

-Radiografías de la columna, serán necesarias para el estudio esquelético.

 Tratamiento. Aunque no existen medidas específicas, la intervención médica debe incluir tratamiento sintomático, medidas preventivas y consejo genético.

-Estudios de imagen en función de los hallazgos basales y paciente en concreto.

-Se debe contemplar en estos pacientes el uso de betabloqueantes, al reducir el estrés hemodinámico, o de los bloqueadores de los receptores de la angiotensina.

-La cirugía sobre la raíz aórtica ha de ser más agresiva que en el síndrome de Marfan (raíz aórtica superior a 4 cm de diámetro o crecimiento superior a 0,5 cm en un año). Se indica en pacientes con aorta torácica descendente de diámetro superior a 5 cm (o rápido crecimiento) y de la aorta abdominal con diámetro superior a 4 cm (o rápido crecimiento).

-La cirugía sobre los aneurismas se contemplan de forma individual, fundamentalmente ante la rápida expansión.

-Las alteraciones esqueléticas requieren un abordaje por un equipo multidisciplinar en muchos casos.

-El embarazo debe ser considerado de riesgo y evitarse el trabajo del parto.


RECOMENDACIONES

Deben evitarse deportes de contacto y ejercicio isométrico, pero se puede realizar una actividad física moderada.


BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

Van Hemelrijk C, Renard M, Loeys B. The Loeys-Dietz syndrome: an update for the clinician. Curr Opin Cardiol. 2010 Sep 11. [Epub ahead of print]

 

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El paso de gérmenes al torrente sanguíneo puede generar infecciones de las válvulas cardiacas. Estos procesos, denominados endocarditis, tienen especial gravedad y requieren, en el mejor de los casos, tratamientos antibióticos prolongados. En muchas ocasiones, estos procesos provocan cuadros infecciosos generalizados muy graves, cirugías de alto riesgo y con frecuencia conducen a la muerte.

En ocasiones, para evitar estas infecciones (extracciones dentarias, manipulaciones de las vías urinarias, etc.), se utilizan antibióticos de forma preventiva. 

En las guías actuales de profilaxis para la endocarditis, la dilatación aórtica o la regurgitación valvular mitral o aórtica, asociadas con frecuencia al síndrome de Marfan, no son per se indicación de profilaxis de endocarditis infecciosa salvo que el paciente haya tenido previamente un episodio de este tipo.

No obstante, se insiste enormemente en la importancia de mantener una adecuada salud e higiene dentales como los medios más apropiados para conseguir este fin preventivo. 

Pese a ello, National Marfan Foundation considera que estas directrices no valoran adecuadamente el riesgo de estos pacientes, por lo que defienden el uso de la profilaxis antibiótica en los pacientes con el síndrome de Marfan que tienen regurgitación valvular.

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Los nuevos criterios actualizados del síndrome de Marfan aportan más certeza en un diagnóstico hasta ahora controvertido. Las características físicas de este síndrome y lo inusual del mismo (aproximadamente 3 de cada 10 000 habitantes/año son diagnosticados de Marfan) han hecho difícil hasta ahora, en algunos casos, distinguir entre esta patología y otros síndromes marfanoides.

Los pacientes con síndrome de Marfan tienen habitualmente más complicaciones de la aorta ascendente, con mayor morbimortalidad, cifras tensionales más bajas y a una edad más temprana que los pacientes marfanoides. También muestran mayores índices de recurrencia con necesidad de reintervención quirúrgica, por lo que un diagnóstico exacto incide en la vigilancia médica apropiada y en una actitud quirúrgica menos expectante que en otras patologías marfanoides.

Las otras patologías raras (así denominadas según criterios de frecuencia) son el síndrome de Ehlers-Danlos (con nueve formas sindrómicas diferentes, básicamente caracterizado por hiperlaxitud articular y cutánea con retraso de la cicatrización y malformaciones arteriales de tipo aneurismático), el síndrome de Loeys-Dietz (formación de aneurismas aórticos, elongación vascular, malformaciones vertebrales, craneofaciales y dermopatías) y el síndrome de Shprintzen Goldberg (anormalidades craneofaciales, vertebrales, osteopenia, cardiopatía valvular y aórtica y miopía).

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